jueves, 12 de diciembre de 2019


España es el país europeo con menor tasa de natalidad: apenas nacen 34,8 hijos por cada 1.000 mujeres en edad fértil. Un dato alarmante que amenaza el sostenimiento de las pensiones y de todo el estado del bienestar de cara a las próximas décadas. El problema es que los bajos niveles de fertilidad generan un círculo vicioso en cualquier país: si nacen pocas personas, en la siguiente generación habrá menos mujeres en edad fértil, lo que provocará un nuevo descenso en la natalidad. Esta es la dinámica en la que ha entrado España y la única solución para salir es la inmigración.

El problema tiene, además, un agravante, y es el envejecimiento de la población. Las generaciones del ‘baby boom’ conforman el grueso de la población y van envejeciendo. Esto significa que ese grupo social va escalando posiciones en la pirámide poblacional, lo que provoca que los estratos más numerosos vayan a ser los más mayores en el futuro.

“El exiliado mira hacia el pasado, lamiéndose las heridas; el inmigrante mira hacia el futuro, dispuesto a aprovechar las oportunidades a su alcance.”-Isabel Allende.

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