jueves, 12 de diciembre de 2019


No hay dos cerebros iguales en el mundo, ya que cada persona tiene su forma de pensar, predecir o de imaginar las cosas que ocurren alrededor y no todos percibimos las cosas igual.
La verdad más profunda es que la percepción nunca es una ventana directa a una realidad objetiva. Todas nuestras percepciones son construcciones activas, mejores conjeturas basadas en el cerebro sobre la naturaleza de un mundo que siempre está oculto detrás de un velo sensorial. 

Sin embargo, hemos sabido desde Isaac Newton que los colores no existen en el mundo. En cambio, son cocinados por el cerebro a partir de mezclas de diferentes longitudes de onda de radiación electromagnética incolora. Los colores son un truco inteligente que la evolución ha dado para ayudar al cerebro a seguir las superficies bajo condiciones cambiantes de iluminación. Y nosotros, los humanos, solo podemos sentir una pequeña porción del espectro electromagnético completo, ubicado entre los bajos del infrarrojo y los altos del ultravioleta. Cada color que percibimos, cada parte de la totalidad de cada uno de nuestros mundos visuales, proviene de esta delgada parte de la realidad.
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